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martes, 1 de enero de 2013

El tiempo en la narración



XI

El tiempo en la narración


¿Qué es el tiempo? Nos preguntamos primero, y nos quedamos unos segundos pensando porque, resulta, le podríamos dar más significados del que supondríamos, o bien, nos quedamos en blanco porque no hallamos una respuesta la cual explique lo que es. El tiempo siempre nos acompaña desde que nacemos hasta que morimos, así que es un poco difícil dar una respuesta exacta ya que conforma una de esas cosas tan cotidianas e indescifrables que «sabemos pero no sabemos». Claro está, hay muchos tipos, desde el tiempo que se mide con un reloj o con el pasar de los días de un calendario, hasta el tiempo subjetivo de nuestra conciencia, nuestras experiencias y sentimientos. El que a nosotros nos interesa por el momento es el de las narraciones literarias, y es el que se conforma por todo un proceso, de cambios, de interpretación, de experiencias y vivencias. La narración es tiempo.


Uno de los problemas narrativos más comunes con los que nos topamos antes de empezar a escribir nuestras ideas es el uso del tiempo, si bien es un elemento natural de nuestra vida, es distinto llevarlo a la práctica en el papel (o en el computador). Es importante que sepas que desde que piensas en escribir tendrás que tomar decisiones, todo lo narrado las necesitará desde la primera idea hasta el punto final. Así que antes que todo, nos plantearemos un ejemplo sencillo (y bastante común) que nos ayudará durante la explicación de la entrada:
«Un chico se enamora de una chica, surgen conflictos que complican la relación, y al final, terminan saliendo juntos».
         
    
       Vale, no es el mejor ejemplo, pero será la sinopsis de nuestra historia. El recorrido del tiempo en este ejemplo empezaría desde que los personajes se conocen hasta que terminan saliendo juntos, ¿pero qué pasa si decidimos narrar el pasado de los protagonistas? Entonces el tiempo de la narración cambia, y empieza desde el momento más antiguo narrado (por ejemplo el nacimiento del chico) hasta que terminan saliendo juntos. Evidentemente no podemos narrar todo a detalles, la historia jamás terminaría y sería tan larga como la nuestra. Para que no suceda esto último se opta por una selección.


            Para hacer la selección tienes que saber que los elementos que elegirás tienen que ser los puntos más importantes de la historia, ya que son los que harán que avance. Serán entonces los segmentos temporales relevantes que tú querrás contar (hechos, acciones, sucesos), y para eso, en una narración, habrá que saber cómo decirlo desde el punto de vista de la caracterización del personaje hasta el manejo correcto del tiempo y el espacio. En nuestro ejemplo, podemos contar el momento en el que el protagonista se enamora de la chica (ya que será un elemento importante durante la historia según como el escritor lo crea). Entonces elegimos:


«Me enamoré de ella desde que George me la presentó aquel día en la feria del condado, llevaba una bufanda roja a pesar de que el clima era mucho más que cálido, y unas gafas oscuras a pesar de que sí, eran las ocho de la noche y la escases de la luz era impresionante. Me pregunté en ese momento si Joanna en verdad estaba loca, tal y como lo decían todos en el colegio».


            Todo lo que narres, hasta lo más insignificante, te deberá llevar a los puntos clave de la historia. Es un puente, y cada hecho relevante es el final de cada orilla.


            En cuanto al orden temporal o cronológico, primero debes saber que es la línea en el que se sitúan todos los hechos. Es claro que en una narración ficticia no estamos obligados a seguir un orden específico como en la vida real, podemos invertirlo, transformarlo y alterarlo cuanto nos plazca sin perder el hilo que nos ayuda al entendimiento. ¿Pero qué orden elegimos para nuestra historia? Siempre tendrás que preguntarte qué es lo que quieres para ella desde un inicio, qué es lo que quieres contar, qué es lo más importante. Recuerden, «decisiones». La historia misma te guiará paso a paso, ya verás.


            Así, la historia del chico que se enamora de una chica, podría relatarse de distintas maneras según un orden:


            -Lineal: también es un orden natural o real. El chico se enamora, surgen problemas que impiden la relación, y al final, terminan saliendo juntos.

         -Retroceso: empezamos en el momento en el que deciden salir juntos, y luego vamos retrocediendo en el tiempo para saber cómo es que se llegó a ese punto.


            O bien, podemos empezar en el medio de la historia e ir retrocediendo y avanzando según sea nuestra conveniencia. Recuerden que siempre hay que tener en cuenta las variaciones que tendrá nuestro relato antes de elegir cualquiera de las anteriores.


           Ahora explicaremos la duración del tiempo en la narración. Este elemento varía según lo que el escritor quiera dar a conocer (selección), ya que puede acelerar los hechos o pausarlos a conveniencia, así que pregúntense «¿qué extensión quiero para determinados hechos?». Es importante, ya que todo lo podemos resumir en «Y pasó cuatro días hasta que…» o narrar realmente lo que ocurrió en esos días antes de llegar a la otra escena.


            Un ejemplo de aceleración usando nuestra historia inicial:


«Yo quería a Joanna, pero ella no tenía idea de esas cosas, ni de lo que pasaba por mi mente cada que vez me encontraba con sus ojos por una fracción de segundo. En fin que…»


Ahora un ejemplo de ampliación, con la misma escena:


«Yo quería a Joanna, cuando tarareaba una canción, cuando la veía actuar en el teatro o cuando le gritaba a Rose que era la chica más estúpida del colegio, e incluso cuando la nostalgia la atrapaba en esos días de lluvia y se quedaba observando por la ventana, como si así su pasado se desfigurara y terminara por borrarse entre las paredes de sus recuerdos; pero ella no tenía idea de esas cosas, ni de lo que pasaba por mi mente cada vez que me encontraba con sus ojos por una fracción de segundo. En fin que…»


            Gracias a la duración del tiempo, tenemos la posibilidad maravillosa de que «una fracción de segundo» se convierta en más que eso. Manipulamos el tiempo real y lo alargamos con una descripción. Saber utilizar sabiamente el tiempo le dará un sentido a nuestra historia.


            Y antes de terminar quiero hacer notar que «el tiempo en la narración» es distinto a «los tiempos gramaticales» (que también se usan en la narración), pero de eso hablaremos en la siguiente entrada, que estará relacionada con esta.


 Espero que hayan pasado unas felices fiestas, el 2012 se nos fue pero ya hay un nuevo año justo a nuestro lado, sonriéndonos. Que tengan un excelente 2013, y aprovechen todas las nuevas oportunidades que lleguen a su buzón de vida. Hasta la próxima.


Cariños~



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Entrada hecha por 



3 comentarios :

Hola, hace un tiempo os pedi afiliacion pero no veo mi banner aun, os dejo aqui mi link, espero que acepteis http://yurikasekai.blogspot.com.es/2012/12/mundo-japones-todo-sobre-la-cultura.html nos vemos

Son cosas que todos sabemos asi, por pura costumbre, y que igual no logramos aplicar bien T_T crees que la unica forma de mejorar esto sea organizarse bien? porque yo necesito una buena dosis de eso XD u.u
El despertar de conciencia es siempre positivo e.e a ver si termino arreglando mis metidas de pata literarias...
Bueno e.e os dejo aqui -lo pone- un graaaaan abrazo, mi estimada Faith :3 que el Kiwi nunca dejara ni deja de leer sus entradas.

creo que la unica forma de mejorar esto sea organizarse bien? porque yo necesito una buena dosis de eso XD
El despertar de conciencia es siempre positivo e.e a ver si termino arreglando mis metidas de pata literarias...

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